Isaac


Siete meses. 
El Sol ha viajado doscientas doce veces de este a oeste sin encontrarte. 
Doscientos doce amaneceres que no saben cómo llegar a tu risa. 

Y yo, aquí, 
el que quedó del otro lado de la misma alma.

No éramos gemelos. 
El mundo lo sabe. 
Pero el mundo nunca entró en el cuarto donde dos hermanos se reconocían sin palabras, 
donde el silencio era un idioma completo, 
donde tu presencia era el aire que yo respiraba sin darme cuenta. 
Éramos la misma herida abierta al mismo tiempo. 
La misma pregunta lanzada al cielo. 
La misma respuesta que nunca llegó.

Y el pegamento que nos sostenía 
era ella. 
Nuestra madre. 
Su amor. 
Su cuidado. 
Sola. 
Como madre. 
Ella fue el hilo invisible que nos mantenía unidos 
cuando el mundo tiraba de nosotros en direcciones opuestas. 
Ella fue el calor que hacía que dos mitades 
se sintieran enteras. 
Sin ella, el lazo habría sido más frágil. 
Con ella, fuimos invencibles 
hasta el día en que el lazo se rompió 
y solo quedó el eco de su amor 
sosteniendo lo que ya no podía sostenerse.

Cuando te fuiste, 
no se fue solo una persona. 
Se fue la mitad que me hacía entero. 
Se fue el espejo que me devolvía más de lo que yo era. 
Se fue el ritmo con el que mi corazón sabía latir. 
Y desde entonces camino como alguien a quien le arrancaron el centro 
y le dejaron solo el borde. 
Y el borde duele más 
porque todavía siento las manos de mamá 
intentando juntar lo que ya no se puede juntar.

Hablo de ti y la voz se me quiebra. 
Escribo de ti y las palabras se niegan. 
Ya no puedo escribir poemas. 
Ya no puedo escribir canciones. 
La música se quedó atrapada en la noche en que te fuiste 
y yo me quedé sin instrumento, sin voz.
Estoy completamente en la oscuridad. 
No espero que nadie me rescate. 
No quiero que nadie me saque de aquí. 
Solo quiero que sepan dónde estoy: 
en el después. 
En la consecuencia. 
En el lugar donde el peligro ya pasó 
y solo queda el eco.

Por primera vez en casi treinta años 
puedo decir que me enfadé con Dios. 
Que no entiendo esta cosa que llamamos vida. 
Que no entiendo el propósito. 
Que no entiendo el final. 
Te robaron los años que te pertenecían. 
Te robaron las mañanas que aún no habías vivido. 
Te robaron la posibilidad de seguir siendo tú 
mientras yo seguía siendo yo a tu lado. 
Y yo me quedé con las manos abiertas 
sosteniendo un vacío que tiene tu forma exacta 
y el peso del amor de una madre 
que lo dio todo 
y aún así no pudo detener la noche.

Hay un hueco en el pecho que no se cierra. 
Hay una soledad que no se cura con compañía. 
Hay una falta de cariño que nadie puede llenar 
porque el cariño que necesito 
tiene tu nombre 
y tu forma de mirar 
y la forma en que decías mi nombre 
como si fuera un secreto que solo nosotros conocíamos. 
Y detrás de ese secreto 
está ella: 
la otra mitad de mi alma, la que nos amó lo suficiente 
para que pudiéramos amarnos 
como solo se aman dos almas 
que nacieron del mismo corazón.

Estoy perdido. 
Y no quiero que me encuentren. 
Porque encontrarme sería fingir que se puede volver 
a un lugar que ya no existe. 
Eres irreemplazable. 
No hay segunda versión de ti. 
No hay otra voz que diga las mismas cosas 
con el mismo tono de verdad. 
No hay otro corazón que late al mismo compás que el mío 
aunque ya no late. 
Y no hay otra madre 
que haya sostenido ese compás 
con tanta ternura y tanto sacrificio.

Llevaré este dolor como un honor. 
Lo llevaré con la misma fidelidad con que llevaba tu risa. 
Porque amarte es recordarte. 
Y recordarte es saber que te has ido. 
Si a veces tengo que serntirme miserable, 
si a veces tengo que sentarme en la oscuridad 
y dejar que el pecho duela sin consuelo, 
entonces soy afortunado. 
Porque el dolor es la prueba de que exististe. 
Porque la herida es la forma en que el amor se niega a desaparecer. 
Y porque detrás de esa herida 
está el amor de una madre 
que nos enseñó, sola, 
lo que significa no soltarse nunca.

Te rodearé de amor en estas palabras 
aunque las palabras sean pobres. 
Te rodearé de todo lo que aún late por ti. 
De todo lo que aún te busca en las habitaciones vacías. 
De todo lo que aún dice tu nombre 
cuando nadie escucha. 
Y te rodearé también del amor de ella, 
del cuidado que nos dio cuando no había nadie más, 
del pegamento invisible 
que todavía intenta unir 
lo que el tiempo separó.

A los que leen esto 
y se preocupan de verdad: 
no estoy en peligro. 
El peligro ya ocurrió. 
Ahora estoy en el después. 
Intentando dar sentido a algo que no tiene sentido. 
Intentando aprender a caminar con un cuerpo 
que ya no reconoce su propia forma.

Les envío esperanza. 
Espero que nadie tenga que atravesar esto. 
Espero salud para todas sus familias y amigos. 
Espero vidas largas. 
Vivan bien. 
Prosperen. 
Vivan lo suficiente para encontrar su propósito, 
como yo intento encontrar el mío 
en esta penumbra que ya no se aclara.

Y si alguna vez se preguntan 
por qué todavía escribo, 
aunque ya no sepa escribir, 
aunque la poesía se me haya ido de las manos: 
es porque todavía soy el hermano. 
Porque todavía llevo el título 
que más me importa en este mundo. 
Y porque detrás de ese título 
está el amor de una madre 
que nos hizo posibles.

Porque tuve la suerte 
de conocerte. 
Porque tuve la suerte 
de ser tu hermano.

Nidia Ramona Ferreira Alderete

Hola, cómo están? Yo también quería compartir un momento que tuve con la Profe Aracy 🥹
Me llamo Nidia Ramona Ferreira Alderete y fui su alumna desde Histología I hasta Histología II. Siempre en clase fue una persona tan amable, muy buena con todos, mostraba su intención de ayudarnos y lo hacía. Bromeaba con nosotros. Pero sobre algo muy especial que cautivo mucho mi corazón fue que en un determinado momento que tuve de un mal día , ella fue la primera persona que lo noto me miro a los ojos y me dijo «Nidia que te pasa? Todo bien?? En ese momento ella me miró a los ojos y con solo mirar entendí que ella sabía cómo estaba, era en clase hablamos aparte después del horario y ella me dijo. Cualquier cosa que necesites acá estoy y me abrazo. Una persona de luz, una hija de Dios. Y un regalo para nosotros sus alumnos. Sus momentos más hermosos que tuvo con nosotros se queda en nuestros corazones hasta volvernos a ver allá en el cielo 🥹🫶🏻


Queremos que este espacio sea también un reflejo de las memorias compartidas. Te invitamos a enviarnos tus historias, testimonios, fotos o videos junto a Aracy. Cada aporte será recibido con gratitud y, tras ser valorado por la familia, podrá formar parte de este homenaje colectivo. Puedes escribirnos a:

aracysiempre@gmail.com

Araceli Martínez

La dra Aracy fue una maestra increíble, amigable y sonriente, predispuesta a enseñarte hasta que entiendas tu duda, espero poder llegar a tener un poco de su carisma, a llegar a ser un poco de lo que ella fue en vida!
Atte. Su alumna Araceli Martínez


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Vanesa Godoy Saggia

Esta foto dice mucho para mi, gran parte de las personas que están aquí son grandes profesionales y lo más lindo y para mi más importante a pesar de no tener tiempo igual estan al servicio de Dios, se dan un tiempo para él.  Y una de ellas es mi querida Aracy, una persona que siempre dijo que sí para Dios y hoy estoy seguro que esta con él. Y desde donde esta, con su ejemplo de vida va hacer que muchos jóvenes no se suelten de la mano de Dios. Pasó en mi comunidad, vino a exponer su vida de profesional y servicio a la iglesia. Eso fue bueno, de ese grupo de jóvenes que le escucho hay hoy un grupo juvenil en mi comunidad y quizás ese grano de arena que ella cultivo con el querido Federico ayudó a que un lindo y pequeño grupo siga trabajando para Dios que es algo que cuesta, jóvenes al servicio de la iglesia sin soltarse de Jesús y María. Ilumina la vida de muchos jóvenes mi querida Aracy. Ahora que estas más cerca del dador de vida!! Te pido que le digas lo difícil que es aquí para muchos jóvenes que necesitan de un Dios de amor y abrir su corazón como vos lo hiciste. Gracias por que se que todo es posible y yo de mi parte pongo la oración que se va ayudar también!! Paz y Bien!!


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Rosa (mamá)

Milagro fue tu vida mi niña, porque te espere un año y disfrute cada segundo de tu vida. Luego llega mi segundo milagro y ahí fue compartir todo, la vida es un regalo de Dios quien por amor dio a su único Hijo, para ser felices ante un mundo sin Dios, pero sabemos que estamos de paso por la tierra, la vida eterna es la gracia del amor puro de Jesús!


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Alheli Aguilera Godoy

Hola! Mi nombre es Alhelí, le conocí a Aracy cuando yo tenía más o menos 5 o 6 años, me acuerdo que le acompañaba a mi mamá en el Coro de la Parroquia San José Obrero, y escucharle cantar a Aracy era muy lindo, la admiraba mucho y quería cantar como ella, y le decía a mi mamá que yo también quería cantar en el coro con ella y Aracy.
Ahora ya tengo 25 años y suelo cantar el salmo en la parroquia Virgen del Rosario y la Capilla San Francisco de Asís cerca de mi casa, aún no soy parte de un coro, pero me gustaría.
Siempre voy a recordar a Aracy con la hermosa voz que tenía y que me hizo querer tener el sueño de cantar.


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Eduardo Falcao

Soy Eduardo Falcao y fui su alumno en la materia de anatomía patológica II. En su primera clase ella mostró una imagen de un libro de Gabriel García Marquéz «cien años de soledad» ella nos preguntó si alguien conocía y yo le contesté que conocía y de qué se trataba la historia del libro. Ella me miró con una cara re contenta y desde ese día empezó a conocerme por mi nombre y saludarme siempre en la facultad.


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